Querido maestro:
Aunque no lo creas,
me siento un poco angustiada al escribir esta carta para expresarte mi
preocupación por ti, pues quizá tú
todavía no te has percatado de lo que te sucede. Y ¿cómo puede uno actuar en
consecuencia, cuando aun no sabe sobre qué debe actuar? Hoy por la mañana me
encontré a tu libertad paseando por la calle como si nada. La vi y me dio rabia de que anduviera tan
campante. Inmediatamente me viniste a la mente en tu aula, malhumorado y
cansado; fue entonces cuando pensé "¡no es justo!, pudo haberlo
evitado".
¿Por qué la dejaste ir? Ya no será lo mismo en tu
salón de clase, adiós a la cátedra interesante, amena, que representaba un
reto. Lo que tus alumnos verán en el aula, será el tedio, el cansancio, el
enojo y ¿sabes qué? Posiblemente la libertad de cada uno de tus estudiantes
decida irse también de ahí... ¡Oh no! ¡Eso sí que sería un caos! ¿Te imaginas
un recinto donde el aprendizaje se da a fuerzas? Puede ser terrible.
¿Cómo pudiste ser
tan descuidado? Tu libertad estaba ahí contigo, pero pocas veces le hacías
caso. Estabas más preocupado por terminar el programa, por lo apretado de las
quincenas, por la visita del inspector, por las reuniones del sindicato... tu
vida se convirtió en una queja continua, en algo pesado que había que vivir "¿por
qué a mi?" Te preguntabas continuamente y ahí fiel y calladamente estaba
la libertad, esperando a que la usaras, a que te decidieras a cambiar tu
actitud, tu visión de la vida. Tú nunca
te diste cuenta de ello.
Piensas que eres libre porque vives en un país, en el
cual no es necesario pedir permiso para transitar, crees que eres libre porque
ahora ya de adulto, no necesitas pedir permiso para actuar. Por eso tu libertad se sintió desplazada, que
no la tomabas en cuenta. Hoy por la
mañana, escuché que le decía a la libertad de otro individuo que - por lo
visto-, también había escapado: "pensaba que yo estaba en todo lo de
afuera, cuando en realidad me encontraba dentro de él"
Negar la libertad es negar la propia naturaleza
humana. En varias ocasiones te he
oído decir -contradiciéndote- que la
libertad no existe, "patrañas del gobierno" ¾ has expresado, "nos hacen creer que somos libres pero en realidad
es puro cuento, estamos atados a todo y a todos"(a la libertad no le
gustan las ambigüedades, quizá por eso huyó de ti). Esa misma actitud la has
transmitido a tus alumnos quienes piensan que la libertad es hacer lo que a uno
se le da la gana y aprovechan cualquier momento en que tú sales del aula para
armar un relajo enorme "¡somos libres, somos libres!" gritan, para
callarse sus palabras y sentarse apresuradamente en cuanto ven que te
acercas. Otras veces llegas al salón de
clase como si estuvieras arrastrando largas cadenas que te apresan, ¿cómo puedes
transmitir alegría por aprender cuando parece que la vida te pesa y que lo
último que quisieras hacer es darles clase? Muchas veces te he imaginado
hablándoles de la libertad de cultos, ideas, expresión, etc. y veo la cara de
tus pupilos incrédula y con una sonrisa sarcástica casi imperceptible. Seguramente piensan que tu actitud no expresa
lo que tus palabras dicen "¿Cuál será la verdad? -han de cuestionarse,
¿existirá la libertad como lo dicen los libros? Y si es así ¿dónde está? o más
bien es como un chiste como bien lo expresa el profe (y que conste que tú no
has dicho nada al respecto).
Negar la libertad, es negar la posibilidad de
educarnos, Todo proceso educativo es intencional. Hay intención en el maestro y
en el alumno; ambos, haciendo uso de su libertad, están dispuesto a dar y a
recibir para ser mejores. La educación sólo puede ser posible porque el hombre
es un ser perfectible, día a día puede subir un escalón más en el camino de la
realización personal, aunque para ello debe elegir querer ser mejor. Y aquí
está el problema: no lo elegimos, ¿será que somos tan ciegos o tan ignorantes
que no nos damos cuenta que -como dice Amado Nervo- "somos arquitectos de
nuestro propio destino"? Cuando somos pequeños, son nuestros padres y más
adelante nuestros maestros los que nos acompañan y nos orientan para que
podamos descubrir lo valioso, posible y significativo de cada momento y de cada
contenido a aprender para que nosotros optemos libremente por ello. También son nuestros papás y profesores los
que nos ayudan a crear espacios de libertad para que aprendamos a elegir, si no
lo hacemos nuestra libertad empieza a engordar por falta de ejercicio (¡la tuya
se veía tan gorda y pesada!) De la mano
nuestros educadores nos llevan por el camino de la deliberación, es decir, nos enseñan a usar nuestra inteligencia y a
poner a trabajar a nuestra voluntad. La
primera para que conozcamos y busquemos la verdad; la segunda para que de lo
que ya conoce se incline por lo que es bueno para ella y lo elija.
Elegir implica renunciar, puesto que no se pueden escoger
todas las opciones (por naturaleza también somos limitados) al momento en que
elegimos un bien estamos renunciando a los otros, así que también debemos
aprender a que en la vida no podemos tenerlo todo. Tu libertad comentó esta
mañana con su amiga que además de maestro, quieres ser líder sindical, vendedor
de "Amway", profesor particular, instructor de manejo... y creo que
le escuché decir algo así como ajonjolí
de todos los moles, que no tiene tiempo para abarcar todo.
Elegir es responder, quiere decir que si ya escogí un
bien, ahora respondo a mi elección, asumo las consecuencias de ello, me vuelvo
responsable, me comprometo. ¿Recuerdas tu época de estudiante en la Normal?
Parecía que te comerías al mundo. Tu
familia te decía que esta profesión era pesada y poco reconocida, pero tú
parecías verdaderamente comprometido y decías que el sacrificio valía la pena
si podías dejar en el alma de cada uno de tus alumnos, la semilla del saber y
la superación. ¡Qué tiempos aquéllos!
Elegimos aun en las cosas que no elegimos de
antemano," ¡está loca!" ¾dirás.
Pero no, permíteme explicarte.
Aunque hay muchos momentos en nuestra vida en los que tenemos que tomar
una decisión, también hay otras situaciones que no elegimos, como la familia
que nos toca, la escuela a la que asistimos (generalmente son nuestros padres
los que eligen por nosotros), asistir a reuniones o juntas de trabajo...
hacemos obligados muchas cosas, pero ¿qué crees? Aun en esos momentos, podemos
ejercer nuestra libertad y decidir la actitud que tomaremos frente a estos
hechos (a tu libertad es el tipo de elecciones que más le gusta hacer) y, si
estas elecciones son positivas terminaremos siendo mejores cada día.
Podemos entonces cada mañana elegir la actitud que
tendremos ante nuestro trabajo, nuestra familia, nuestras obligaciones
diarias. Elegir ante lo agradable, no
tiene chiste, pero elegir asumir una actitud positiva ante situaciones desagradables es lo que nos
hace crecer como personas.
Pero ya no te detengo, ¡corre a buscar tu libertad! Puede estar en cualquier parte. A la muy
tramposa ¡le encanta jugar a las escondidas!
Puede que te haga sufrir un poco para que en algún momento pienses que
la has perdido para siempre. Pero si te
esfuerzas, lograrás encontrarla. Quizá
ya regresó a tu interior y sólo espera a que te des cuenta para que, con una
fuerte carcajada, irrumpa en tu vida como el mejor de los regalos ADRIANA